En las últimas semanas, la discusión pública sobre cómo enfrentar la violencia en los colegios se ha intensificado en Chile. El proyecto “Escuelas Protegidas”, impulsado por el Gobierno, ha puesto sobre la mesa medidas orientadas a reforzar la seguridad, como la revisión de mochilas y la aplicación de nuevas sanciones. Todo ocurre en medio de una creciente preocupación por la convivencia escolar, que ha instalado la pregunta sobre qué herramientas logran abordar el tema a fondo.
Las cifras reflejan la magnitud del problema. Solo en 2025 se registraron 22.680 denuncias ante la Superintendencia de Educación, de las cuales 17.076 estuvieron relacionadas con convivencia escolar, lo que representa un aumento del 22% respecto al año anterior. Esto da cuenta de una tendencia sostenida al alza y refuerza la necesidad de abordar la convivencia no solo desde la reacción, sino también desde la prevención.
Para Juan Pablo Muñoz, gerente de proyectos sociales de Good Neighbors Chile, organización que promueve el desarrollo integral de niños, niñas y jóvenes en situación de vulnerabilidad, parte importante de los conflictos que hoy se observan dentro de las salas de clases tiene relación con cambios en la forma en que los estudiantes interactúan: “Las instancias de interacción y comunicación cara a cara se han ido perdiendo con la digitalización. Cada vez pasamos más tiempo frente a pantallas y tenemos menos espacios de conversación directa, lo que va debilitando habilidades clave para la convivencia. Además, muchas veces terminamos siendo receptores pasivos de contenido, en dinámicas donde no hay mucho espacio para debatir, dar retroalimentación o analizar críticamente lo que vemos”.
Más que limitar el acceso a dispositivos digitales o focalizarse en sanciones y revisiones de mochilas, el desarrollo de habilidades socioemocionales aparece como una herramienta concreta para abordar estos problemas desde su origen. En ese sentido, el autoconocimiento y la empatía cumplen un rol central en la prevención de conflictos y son la base para que los estudiantes comprendan lo que sienten y cómo reaccionan frente a distintas situaciones.
“Reconocer una emoción es el primer paso para gestionarla. Cuando un estudiante identifica lo que siente, puede reaccionar y tomar decisiones de manera más consciente. Pero este aprendizaje va más allá: implica también regular las emociones y comprender cómo influyen en las relaciones con los demás, lo que permite anticiparse a conflictos y afrontar el estrés con más herramientas”, agrega Juan Pablo.
Desde la experiencia de Good Neighbors Chile, estas habilidades no se deben incorporar solo desde lo teórico, sino a través de experiencias prácticas. Por eso, la organización desarrolla diversos programas –como robótica, cine o fotografía–, donde los estudiantes trabajan en grupos, asumen distintos roles e integran lo técnico con lo emocional. Estas instancias están diseñadas con una intencionalidad pedagógica clara, que busca desarrollar habilidades como la empatía, la escucha activa y el trabajo en equipo a lo largo del tiempo.
“Trabajar habilidades socioemocionales debe hacerse de manera lúdica e interactiva. Los enfoques expositivos, como una presentación teórica frente al curso, suelen generar desconexión. En cambio, cuando los estudiantes participan activamente, aumenta su motivación y logran comprender e incorporar mejor estos aprendizajes”, señala el profesional.
El impacto de este tipo de aprendizajes se refleja en la convivencia diaria dentro de los establecimientos. Las evaluaciones que realiza Good Neighbors tras los talleres que imparte muestran que cerca del 65% de los estudiantes declara aplicar estos conceptos en su vida cotidiana, mientras alrededor del 80% logra comprender la empatía. Esto muestra que los estudiantes con más herramientas emocionales tienden a trabajar mejor en equipo y a resolver conflictos de forma más consciente.
“Este es un trabajo a largo plazo, sin resultados inmediatos, pero con el potencial de generar cambios relevantes. Cuando un estudiante desarrolla estas habilidades, aumenta la probabilidad de que tome decisiones más conscientes en su vida y en su entorno”, afirma Juan Pablo Muñoz.